Elizabeth David

Elizabeth David, de soltera Gwynne, (Folkington, Sussex Oriental, 26 de diciembre de 1913-Londres, 22 de mayo de 1992) fue una escritora culinaria británica. A…

Elizabeth David
Elizabeth David
Información personal
Nombre de nacimiento Elizabeth Gwynne Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 26 de diciembre de 1913 Ver y modificar los datos en Wikidata
Folkington (Reino Unido) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 22 de mayo de 1992 Ver y modificar los datos en Wikidata (78 años)
Londres (Reino Unido) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Británica
Familia
Padres Rupert Gwynne Ver y modificar los datos en Wikidata
Stella Ridley Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Educada en Colegio de la Sorbona Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Chef, escritora de libros de cocina, cocinera y autora Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de Real Sociedad de Literatura Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones
  • Comendador de la Orden del Imperio británico
  • Miembro de la Real Sociedad de Literatura Ver y modificar los datos en Wikidata

Elizabeth David, de soltera Gwynne, (Folkington, Sussex Oriental, 26 de diciembre de 1913-Londres, 22 de mayo de 1992) fue una escritora culinaria británica. A mediados del siglo XX, influyó con fuerza en la revitalización de la cocina casera en su país natal y fuera de él a través de artículos y libros sobre cocinas europeas y platos tradicionales británicos.

Nacida en el seno de una familia de clase alta, Elizabeth David se rebeló contra las normas sociales de la época. En la década de 1930 estudió arte en París, se convirtió en actriz y se fugó con un hombre casado con el que navegó en un pequeño barco hacia Italia, donde la embarcación fue confiscada. Llegaron a Grecia, donde estuvieron a punto de quedar atrapados por la invasión alemana en 1941, pero escaparon a Egipto, donde se separaron. Luego trabajó para el Gobierno británico, dirigiendo una biblioteca en El Cairo. Durante su estancia allí se casó, pero ella y su esposo se separaron poco después y, posteriormente, se divorciaron.

En 1946, regresó a Inglaterra, donde el racionamiento de alimentos impuesto durante la Segunda Guerra Mundial seguía vigente. Consternada por el contraste entre la mala comida que se servía en Gran Bretaña y la comida sencilla y excelente a la que se había acostumbrado en Francia, Grecia y Egipto, comenzó a escribir artículos en revistas sobre la cocina mediterránea. Estos atrajeron una atención favorable y, en 1950, a la edad de 36 años, publicó A Book of Mediterranean Food. Sus recetas requerían ingredientes como berenjenas, albahaca, higos, ajo, aceite de oliva y azafrán, que en aquel momento apenas estaban disponibles en Gran Bretaña. A este le siguieron libros sobre cocina francesa, italiana y, más tarde, inglesa. Para la década de 1960, Elizabeth David era una de las principales influencias en la cocina británica. Se mostraba profundamente hostil hacia cualquier cosa de segunda categoría, la cocina demasiado elaborada y los sustitutos falsos de platos e ingredientes clásicos. En 1965 abrió una tienda de venta de equipamiento de cocina, que continuó comercializando bajo su nombre después de que ella la dejara en 1973.

La reputación de Elizabeth David se basa en sus artículos y sus libros, que se han reimpreso continuamente. Entre 1950 y 1984 publicó ocho libros; tras su muerte, su albacea literario completó otros cuatro que ella había planeado y en los que había trabajado. La influencia de Elizabeth David en la cocina británica se extendió tanto a cocineros profesionales como domésticos, y chefs y restauradores de generaciones posteriores como Terence Conran, Simon Hopkinson, Prue Leith, Jamie Oliver, Tom Parker Bowles y Rick Stein han reconocido su importancia para ellos. En los Estados Unidos, cocineros y escritores como Julia Child, Richard Olney y Alice Waters también han escrito sobre su influencia.

Vida y carrera

Primeros años

Los terrenos de Wootton Manor, la casa familiar de David.

Elizabeth David nació como Elizabeth Gwynne, la segunda de los cuatro hijos —todas hijas— de Rupert Sackville Gwynne y su esposa, la honorable Stella Gwynne, hija del primer vizconde Ridley. Las familias de ambos progenitores poseían fortunas considerables: los Gwynne procedían de la ingeniería y la especulación de tierras, y los Ridley, de la minería del carbón.[1]​ A través de las dos familias, Elizabeth David era de ascendencia inglesa, escocesa y galesa o irlandesa y, por parte de un antepasado paterno, también holandesa y sumatrana.[2][a]​ Ella y sus hermanas crecieron en Wootton Manor, en Sussex, una casa señorial del siglo XVII con amplias ampliaciones de principios del siglo XX realizadas por Detmar Blow.[4]​ Su padre, a pesar de tener un corazón débil, insistió en seguir una exigente carrera política, convirtiéndose en miembro conservador del Parlamento por Eastbourne[5][b]​ y en ministro subalterno en el gobierno de Bonar Law.[7]​ El exceso de trabajo, combinado con sus enérgicos pasatiempos recreativos —principalmente las carreras, la equitación y el mujeriego—,[8]​ provocaron su muerte en 1924, a los 51 años.[9][c]

La viuda Stella Gwynne fue una madre atenta, pero las relaciones con sus hijas eran más distantes que afectuosas.[11]​ Elizabeth y sus hermanas, Priscilla, Diana y Felicité, fueron enviadas a internados.[12]​ Tras haber sido alumna de la escuela preparatoria Godstowe en High Wycombe, Elizabeth fue enviada a la escuela privada para señoritas St Clare, en Tunbridge Wells, la cual abandonó a los dieisiete años.[13]​Las niñas crecieron sin saber nada de cocina, que en los hogares de clase alta de la época era competencia exclusiva de la cocinera de la familia y de su personal de cocina.[14]

Durante su adolescencia, Elizabeth David disfrutaba de la pintura y su madre pensó que valía la pena desarrollar su talento.[15]​ En 1930 fue enviada a París, donde estudió pintura de forma privada y se matriculó en la Sorbona en un curso de civilización francesa que abarcaba historia, literatura y arquitectura.[16]​ Sus estudios en la Sorbona le resultaron arduos y, en muchos aspectos, poco inspiradores, pero le dejaron un amor por la literatura francesa y una fluidez en el idioma que mantendría durante toda su vida.[17]​ Se alojó con una familia parisina, cuya devoción fanática por los placeres de la mesa retrató con efecto cómico en su libro French Provincial Cooking (1960).[18]​ No obstante, reconoció en retrospectiva que aquella experiencia había sido la parte más valiosa de su estancia en París: «Me di cuenta de qué manera la familia había cumplido su tarea de infundir la cultura francesa en al menos uno de los jóvenes británicos a su cargo. Los profesores de la Sorbona quedaron en el olvido [...] Lo que se me quedó grabado fue el gusto por un tipo de comida idealmente distinta a todo lo que había conocido antes».[18]​ Stella Gwynne no tenía prisa por que su hija regresara a Inglaterra tras obtener su diploma de la Sorbona, por lo que la envió desde París a Múnich en 1931 para estudiar alemán.[19]

Actriz

Regent's Park Open Air Theatre

]

Tras regresar a Inglaterra en 1932, Elizabeth David pasó sin mucho entusiasmo por los rituales sociales propios de las jóvenes de clase alta, como la presentación en la corte como debutante y los bailes asociados.[20]​ Los jóvenes ingleses respetables que conoció en estos últimos no le atraían.[21]​ La biógrafa de Elizabeth David, Lisa Chaney, comenta que con su «aspecto delicadamente provocador y su timidez escudada en una frialdad de acero y una lengua afilada», habría resultado una perspectiva desalentadora para los jóvenes de clase alta con los que se cruzaba.[22]​ Elizabeth David decidió que no era lo suficientemente buena como pintora y, para disgusto de su madre, se hizo actriz.[23]​ Se unió a la compañía de J. B. Fagan en el Oxford Playhouse en 1933. Entre sus compañeros de reparto se encontraba Joan Hickson, quien décadas más tarde recordó haber tenido que enseñar a su nueva colega cómo hacer una taza de té, dado lo ajena que era Elizabeth David a la cocina en aquellos días.[24]

Desde Oxford, Elizabeth David se trasladó al Open Air Theatre en Regent's Park, Londres, al año siguiente.[25]​ Alquiló habitaciones en una casa grande cerca del parque, gastó un generoso regalo por su 21.º cumpleaños en equipar la cocina y aprendió a cocinar.[26]​ Un regalo de su madre, The Gentle Art of Cookery de Hilda Leyel, fue su primer libro de cocina.[27]​ Más tarde escribió: «Me pregunto si alguna vez habría aprendido a cocinar si me hubieran dado un rutinario manual de Beeton para aprender, en lugar de a la romántica Leyel con sus recetas más bien extravagantes y capaces de atrapar la imaginación».[28]

En Regent's Park, Elizabeth David avanzó poco en lo profesional. La compañía era distinguida, encabezada por Nigel Playfair y Jack Hawkins y, en los papeles femeninos principales, Anna Neagle y Margaretta Scott.[29]​ Elizabeth David quedó limitada a papeles secundarios.[30]​ Entre sus compañeros de la compañía se encontraba un actor nueve años mayor que ella, Charles Gibson Cowan.[d]​ El desprecio de este por las convenciones sociales le atrajo enormemente, y también lo encontró sexualmente irresistible. El hecho de que él estuviera casado no amilanó a ninguno de los dos, y comenzaron un romance que sobrevivió a la carrera teatral de ella.[32]​ Chaney comenta: «Cowan era el marginado definitivo. Era de clase trabajadora, de izquierdas, judío, actor, carterista, un vagabundo que vivió en cuevas en Hastings durante un tiempo. Su madre lo llamaba "gusano pacifista". Era una presencia sexual y se acostaba con todo lo que se movía».[33]​ La madre de Elizabeth David lo desaprobó enérgicamente e intentó poner fin a la relación.[34]​ Organizó que su hija pasara varias semanas de vacaciones con familiares y amigos en Malta en la primera mitad de 1936 y en Egipto más tarde ese mismo año, pero en su biografía de 1999, Artemis Cooper comenta que la prolongada ausencia de Elizabeth David no logró distanciarla de su implicación con Cowan.[35]​ Durante su estancia en Malta, Elizabeth David pudo pasar tiempo aprendiendo de Angela, la cocinera de su anfitriona, quien estuvo encantada de transmitirle sus conocimientos. Aunque podía preparar cenas formales y elaboradas cuando era necesario, la lección más importante que le enseñó a Elizabeth David fue la de trabajar día a día con los ingredientes disponibles, mostrándole cómo convertir un ave vieja o un trozo de carne correoso en un buen plato.[36]

Francia, Grecia, Egipto e India

Tras su regreso a Londres a principios de 1937, Elizabeth David reconoció que no iba a tener éxito sobre los escenarios y abandonó la idea de una carrera teatral. Más avanzado el año, aceptó un puesto como asistente júnior en la casa de moda Worth, donde se buscaba reclutar a jóvenes elegantes de familias de clase alta.[37]​ El trabajo en el comercio minorista y su naturaleza servil le resultaron molestos, por lo que renunció a principios de 1938.[35]​ Durante los meses siguientes pasó unas vacaciones en el sur de Francia y en Córcega, donde quedó muy prendada del carácter extrovertido de la gente con la que se hospedó y de la sencilla excelencia de su comida.[38]​Al regresar a Londres, y desencantada con la vida allí, se unió a Cowan para comprar un barco pequeño —un yola con motor— con la intención de navegar en él hasta Grecia.[39]​ Cruzaron el canal de la Mancha en julio de 1939 y navegaron con la embarcación a través del sistema de canales de Francia hasta la costa mediterránea.[40]

Norman Douglas, mentor de David desde 1938.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 detuvo su avance. Tras detenerse brevemente en Marsella, navegaron hacia Antibes, donde permanecieron más de seis meses al no poder obtener el permiso para marcharse.[41]​ Allí Elizabeth David conoció al anciano escritor Norman Douglas, quien ejerció una gran influencia sobre ella y sobre el que más tarde escribió extensamente.[e]​ Él inspiró su amor por el Mediterráneo, fomentó su interés por la buena comida y le enseñó a «buscar lo mejor, insistir en ello y rechazar todo lo que fuera falso y de segunda categoría».[43]​ Cooper lo describe como el mentor más importante de Elizabeth David.[40]

Elizabeth David y Cowan abandonaron finalmente Antibes en mayo de 1940, navegando hacia Córcega y luego hacia Sicilia. Habían llegado al estrecho de Mesina cuando Italia entró en la guerra el 10 de junio.[40]​ Fueron sospechosos de espionaje e internados. Tras 19 días bajo custodia en distintas partes de Italia, se les permitió cruzar la frontera con Yugoslavia, que en ese momento se mantenía neutral y no combatiente.[44]​ Habían perdido casi todo lo que poseían: el barco, el dinero, los manuscritos, los cuadernos de notas y la preciada colección de recetas de Elizabeth David.[45]​ Con la ayuda del cónsul británico en Zagreb, cruzaron a Grecia y llegaron a Atenas en julio de 1940.[46]​ Para entonces, Elizabeth David ya no estaba enamorada de su pareja, pero permaneció con él por necesidad. Cowan encontró un trabajo enseñando inglés en la isla de Siros, donde Elizabeth David aprendió a cocinar con los ingredientes frescos disponibles localmente. Cuando los alemanes invadieron Grecia en abril de 1941, la pareja logró marchar en un convoy civil hacia Egipto.[47]

Capaz de hablar un francés excelente y un buen alemán, Elizabeth David consiguió un trabajo en la oficina de cifrado naval en Alejandría.[48]​ Pronto fue rescatada del alojamiento temporal para refugiados tras conocer a un viejo amigo inglés que tenía un piso «absurdamente grandioso» en la ciudad y la invitó a ocuparse de la casa.[49]​ Ella y Cowan se separaron de manera amistosa y ella se mudó al gran piso.[50]​ Contrató a un cocinero, Kyriacou, un refugiado griego cuyas excentricidades —esbozadas en un capítulo de Is There a Nutmeg in the House?— no le impedían preparar una comida magnífica: «El sabor de aquel estofado de pulpo, la rica salsa oscura de vino y el aroma de las hierbas de montaña era algo que no se olvidaba fácilmente».[49]​ En 1942 contrajo una infección que le afectó a los pies. Pasó algunas semanas en el hospital y se vio obligada a dejar su trabajo en la oficina de cifrado.[51]​ Luego se trasladó a El Cairo, donde se le pidió que creara y dirigiera una biblioteca de referencia para el Ministerio de Información británico. La biblioteca estaba abierta a todo el mundo y era muy demandada por periodistas y otros escritores. Su círculo de amigos en este periodo incluyó a Alan Moorehead, Freya Stark, Bernard Spencer, Patrick Kinross, Olivia Manning y Lawrence Durrell.[52]​En su pequeño piso de la ciudad empleó a Suleiman, un suffragi sudanés (un cocinero-mayordomo). Ella recordaba:

Suleiman hacía pequeños milagros con dos hornillos Primus y un horno que era poco más que una caja de lata colocada encima de ellos. Sus suflés nunca dejaban de ser un éxito. [...] Durante tres o cuatro años viví principalmente a base de platos de verduras toscos pero muy sabrosos, vistosos y brillantes, sopas de lentejas o de tomates frescos, deliciosos pilafs especiados, brochetas de cordero asadas al carbón, ensaladas con aderezos frescos de yogur con sabor a menta, el plato de los felahines egipcios de habas negras con aceite de oliva y limón y huevos duros; estas cosas no solo eran atractivas, sino también baratas.[53]

Cooper comenta sobre este periodo de la vida de Elizabeth David: «Las fotos de ella en la época muestran a una bibliotecaria de manual, vestida con una rebeca oscura sobre una camisa blanca con un cuello cerrado y recatado abotonado hasta arriba; pero de noche, vestida con exóticos caftanes de lentejuelas, era una criatura diferente: bebiendo en el bar de Hedjaki, comiendo en el P'tit Coin de France, bailando en la azotea del Continental y luego yendo al club nocturno de Madame Badia o al glamuroso Auberge des Pyramides».[54]​ En sus años en El Cairo, Elizabeth David tuvo varios romances. Los disfrutó por lo que eran, pero solo se enamoró una vez. Fue de un joven oficial, Peter Laing, pero la relación llegó a su fin cuando él fue gravemente herido y regresó a su Canadá natal.[55]​ Varios otros de sus jóvenes pretendientes se enamoraron de ella; uno de ellos fue el teniente coronel Anthony David (1911-1967). Con treinta años de edad, sopesó las ventajas y desventajas de permanecer soltera hasta el momento en que pudiera aparecer el marido ideal y, con considerables recelos, aceptó finalmente la propuesta de matrimonio de Tony David.[56]

La pareja se casó en El Cairo el 30 de agosto de 1944.[40]​ Al cabo de un año, Tony David fue destinado a la India. Su esposa lo siguió allí en enero de 1946, pero la vida como esposa de un oficial del Raj británico le resultó tediosa, la vida social aburrida y la comida, en general, «frustrante».[57]​ Más adelante en su vida llegó a valorar más su gastronomía y escribió sobre algunos platos y recetas indias en sus artículos y libros.[58]​ En junio de 1946, sufrió una sinusitis grave y los médicos le dijeron que la afección persistiría si permanecía bajo el calor estival de Delhi. En su lugar, le aconsejaron que regresara a Inglaterra. Así lo hizo; Cooper observa: «Había estado fuera de Inglaterra durante seis años y, en ese tiempo, tanto ella como Inglaterra habían cambiado hasta quedar irreconocibles».[59]

La Inglaterra de la posguerra

La realidad del racionamiento y la austeridad: colas para comprar pescado en Londres, 1945.

Al regresar tras sus años de calidez mediterránea y acceso a una profusión de ingredientes frescos, Elizabeth David encontró a su país natal en el periodo de posguerra gris y desalentador, con el racionamiento de alimentos todavía vigente.[60][f]​Se topó con una comida terrible: «Había sopa de harina y agua sazonada únicamente con pimienta; albóndigas de pan y tendones; cebollas y zanahorias deshidratadas; toad in the hole de carne de lata. No hace falta que siga».[62]​ En Londres se reencontró con George Lassalle, un antiguo amante de sus días en El Cairo, y el romance se reavivó. La pareja viajó a Ross-on-Wye en noviembre de 1946 para tomarse una semana de descanso, pero quedaron atrapados en la ciudad debido a las inclemencias del tiempo propias de la estación. Frustrada por la pésima comida que ofrecía el hotel, Lassalle la animó a plasmar sus pensamientos sobre el papel.[63]

Sin saber apenas lo que hacía... me senté y empecé a desahogar un ansia agónica de sol y una revuelta furiosa contra aquella comida terrible, deprimente y desalmada, escribiendo descripciones de la cocina mediterránea y de Oriente Medio. El hecho mismo de escribir palabras como albaricoque, aceitunas y mantequilla, arroz y limones, aceite y almendras, me producía alivio. Más tarde me di cuenta de que, en la Inglaterra de 1947, esas eran palabras obscenas las que estaba anotando.[62]

Cuando su esposo regresó de la India en 1947, Elizabeth David se separó de inmediato de Lassalle y reasumió su papel de esposa. Con la ayuda de Stella Gwynne, Elizabeth David y su marido compraron una casa en Chelsea, que siguió siendo su hogar por el resto de su vida.[64]​ Tony David resultó ser ineficaz en la vida civil, incapaz de encontrar un trabajo adecuado; acumuló deudas, en parte debido a una aventura empresarial fallida.[65]​ Lo que quedaba de chispa en la relación murió pronto, y para 1948 ya vivían separados.[66]

Veronica Nicholson, una amiga con conexiones en el sector editorial, convenció a Elizabeth David de que siguiera escribiendo, con el objetivo de que publicara un libro.[67]​ Mostró parte del trabajo de Elizabeth David a Anne Scott-James, editora de la edición británica de Harper's Bazaar, quien pensó que los textos reflejaban a una persona muy viajada y con una mentalidad independiente. Le ofreció un contrato a Elizabeth David, y sus artículos comenzaron a aparecer en la publicación a partir de marzo de 1949.[68][g]

Elizabeth David le comunicó a Scott-James que planeaba publicar los artículos en forma de libro, y la revista le permitió conservar los derechos de autor. Incluso antes de que se hubieran publicado todos los artículos, los había reunido en un volumen mecanografiado titulado A Book of Mediterranean Food; muchas de las recetas ignoraban las restricciones del racionamiento en favor de la autenticidad, y en varios casos los ingredientes no estaban disponibles en las tiendas británicas. Elizabeth David presentó su manuscrito a una serie de editoriales, pero todas lo rechazaron. Una de ellas le explicó que una colección de recetas inconexas necesitaba un texto que sirviera de enlace. Elizabeth David siguió este consejo, pero, consciente de su inexperiencia como escritora, mantuvo su propia prosa breve y citó extensamente a autores consagrados cuyas opiniones sobre el Mediterráneo pudieran tener más peso.[70]​ Presentó el texto mecanografiado y revisado a John Lehmann, un editor más vinculado a la poesía que a la cocina; él lo aceptó y acordó un pago anticipado de 100 libras. A Book of Mediterranean Food se publicó en junio de 1950.[71]

A Book of Mediterranean Food fue ilustrado por John Minton; escritores como Cyril Ray y John Arlott comentaron que los dibujos aumentaban el atractivo del libro.[72]​ Martin Salisbury, profesor de ilustración en la Escuela de Arte de Cambridge, escribe que los «brillantes diseños neorrománticos de Minton complementan a la perfección la escritura».[73]​David concedía gran importancia a la ilustración de los libros [h]​ y describió el diseño de la sobrecubierta de Minton como «impresionante». Le cautivó especialmente «su hermosa bahía mediterránea, sus mesas cubiertas con manteles blancos y frutas brillantes» y la forma en que «se podían ver cántaros, jarras y botellas de vino a lo lejos en la calle»; consideraba que el diseño de la portada contribuyó al éxito del libro, aunque quedó menos convencida por sus dibujos en blanco y negro.[75]

El libro fue bien recibido por la crítica.[75]​ Elizabeth Nicholas, en su reseña para The Sunday Times, consideró a Elizabeth David como una «gastrónoma de una integridad poco común» que «se niega... a hacer concesiones innobles a la conveniencia».[76]​ Aunque John Chandos, escribiendo en The Observer, señaló que «nadie que coma en Londres —con el desenfreno que sea— imagine que está comiendo comida mediterránea en ausencia de la tierra y el aire del Mediterráneo», terminó su reseña diciendo que el libro «merece convertirse en el compañero habitual de todos los que buscan emociones sin prejuicios en la cocina».[77]

El éxito del libro dio lugar a ofertas de trabajo de The Sunday Times —por las que recibió un anticipo de 60 guineas—, de Go, una revista de viajes propiedad del periódico, y de Wine and Food, la revista de la Wine and Food Society.[78]​ En agosto de 1950, Elizabeth David y su esposo se fueron de vacaciones juntos por última vez con el dinero de los nuevos contratos, aunque tuvieron problemas con el coche que utilizaban para el viaje y las vacaciones no fueron un éxito.[79]​ A su regreso, invitó a Felicité, su hermana menor, a mudarse al piso superior de su casa. Elizabeth David era una mecanógrafa reticente y poco hábil —prefería la sensación de escribir con pluma— y, a cambio de un alquiler bajo, Felicité mecanografió de forma experta sus artículos y libros, y más tarde ejerció como su investigadora principal.[80]

A Book of Mediterranean Food tuvo el éxito suficiente para que Lehmann encargara a Elizabeth David una secuela que mostrara los platos de la Francia rural. Este fue French Country Cooking, que Elizabeth David terminó de escribir en octubre de 1950. Se contrató a Minton para ilustrar la obra y Elizabeth David le dio instrucciones detalladas sobre el tipo de dibujos; quedó más complacida con ellos que con los de su primera obra.[81]​ A pesar de la difícil relación que mantenían, Elizabeth David dedicó el libro a su madre.[82]​Antes de que se publicara la obra, Elizabeth David abandonó Inglaterra para vivir un breve periodo en Francia. La motivaba el deseo de adquirir un conocimiento más amplio de la vida en el campo francés y poner distancia entre ella y su esposo. Dejó Londres en marzo de 1951 con destino a Ménerbes.[83]​ Pasó tres meses en la Provenza; aunque al principio el tiempo fue frío y húmedo, pronto se volvió más cálido y disfrutó tanto que llegó a plantearse comprar una casa allí. En junio de 1951 dejó Ménerbes y viajó a la isla de Capri para visitar a Norman Douglas. Cuando se marchó a finales de agosto, realizó un breve recorrido por la Riviera italiana para investigar un artículo destinado a Go, antes de regresar a Londres.[84]

En septiembre, poco después de su regreso, se publicó French Country Cooking. Fue recibido con entusiasmo por la crítica,[85]​ aunque Lucie Marion, en un artículo para The Manchester Guardian, consideró que «no puedo pensar que Elizabeth David haya intentado realmente elaborar muchos de los platos cuyas recetas ofrece».[86]​ David escribió al periódico para aclarar las cosas, afirmando que habría sido «irresponsable y malintencionado» si no los hubiera probado todos.[87]

Cocina italiana, francesa y de otras regiones

Lehmann y Elizabeth David acordaron que su siguiente libro debía tratar sobre la comida italiana; en aquel momento, se sabía muy poco en Gran Bretaña sobre la gastronomía de Italia y el interés por ese país iba en aumento. Recibió un anticipo de 300 libras por la obra.[88]​ Tenía planeado visitar Italia para investigar y deseaba ver de nuevo a Douglas en Capri, pero recibió la noticia de su muerte en febrero de 1952, lo que la dejó profundamente entristecida.[89]

Elizabeth David dejó Londres en marzo y llegó a Roma justo antes de las celebraciones de Semana Santa. Recorrió el país observando a las cocineras en sus hogares y en los restaurantes, y tomó extensas notas sobre las diferencias regionales de la cocina.[90]​ Durante su estancia en Roma conoció al pintor Renato Guttuso; profundamente impresionada por su obra, en particular por sus bodegones, le preguntó si estaría dispuesto a ilustrar su libro. Para su sorpresa, él aceptó y, a pesar de considerar que los honorarios de 60 libras eran absurdamente bajos, cumplió su palabra y realizó una serie de ilustraciones.[91]

Al regresar a Londres en octubre de 1952, Elizabeth David inició una relación con un antiguo amor de sus días en la India, Peter Higgins, un corredor de bolsa divorciado; este fue el comienzo del periodo más feliz de su vida. Pasó los meses siguientes escribiendo el libro y recreando las recetas para calcular las medidas correctas.[92]​ Se sentía menos vinculada emocionalmente con Italia que con Grecia y el sur de Francia, y el proceso de escritura le resultó «inusualmente problemático», aunque «a medida que salía receta tras receta... me di cuenta de cuánto estaba aprendiendo y de cómo estos platos estaban ampliando enormemente mi propio alcance y disfrute».[93]Italian Food se publicó en noviembre de 1954.[94]​ En aquella época, muchos de los ingredientes utilizados en las recetas todavía eran difíciles de conseguir en Gran Bretaña. Al mirar atrás en 1963, Elizabeth David escribió:

En el Soho, pero casi en ningún otro lugar, se podían conseguir cosas como pasta italiana y queso parmesano, aceite de oliva, salami y, de vez en cuando, jamón de Parma. [...] Con las verduras del sur, como las berenjenas, los pimientos rojos y verdes, el hinojo, los calabacines pequeños llamados por los franceses courgettes y en Italia zucchini, prevalecía prácticamente la misma situación.[93]

Además de las ilustraciones de Renato Guttuso, Italian Food también contenía ilustraciones de libros de cocina más antiguos, incluyendo Opera di Bartolomeo Scappi de Bartolomeo Scappi, publicado en 1622.

Italian Food fue calurosamente recibido por la crítica y el público, y la primera tirada se agotó en tres semanas.[95]​ El crítico de The Times Literary Supplement escribió: «Más que una colección de recetas, este libro es en efecto una disertación amena y perspicaz sobre la comida italiana y los platos regionales, y su preparación en la cocina inglesa».[96]​ Freya Stark, en su reseña para The Observer, señaló: «Elizabeth David... puede ser contada entre los benefactores de la humanidad».[97]​ En The Sunday Times, Evelyn Waugh nombró a Italian Food como uno de los dos libros que más placer le habían proporcionado en 1954.[98]

Para cuando terminó Italian Food, la editorial de Lehmann había sido clausurada por su empresa matriz y David se encontró bajo contrato con Macdonald, otro sello del mismo grupo. Sintió una intensa antipatía por la empresa y escribió un retrato muy poco favorecedor de ella en un artículo de 1985.[99]​ Al no estar de acuerdo con el enfoque que la empresa daba a sus libros, su agente, Paul Scott, convenció a Macdonald para que renunciara a su opción sobre el siguiente volumen. En su lugar, Elizabeth David firmó con la editorial Museum Press para su próximo libro, Summer Cooking, que se publicó en 1955.[100]

Summer Cooking fue ilustrado por el amigo de Elizabeth David, el artista Adrian Daintrey, quien solía visitarla en su casa y dibujarla en la cocina mientras ella preparaba el almuerzo para ambos.[100]​ Sin las limitaciones de las agendas geográficas de sus tres primeros libros, Elizabeth David escribió sobre platos de Gran Bretaña, India, Mauricio, Rusia, España y Turquía, así como de Francia, Italia y Grecia. <[101]​ El libro reflejaba su firme creencia en el consumo de alimentos de temporada; le encantaba «el placer de redescubrir las verduras de cada estación» y consideraba que era «bastante aburrido comer los mismos alimentos durante todo el año».[102]​ Afirmó que su objetivo era poner:

el énfasis en dos aspectos de la cocina que cada vez se ignoran más: la idoneidad de ciertos alimentos para determinadas épocas del año y los placeres de comer las verduras, las frutas, las aves, la carne o el pescado de temporada, por lo tanto, en su mejor momento, más abundantes y más baratos.[103]

Poco después de la publicación de Summer Cooking, la revista Vogue sedujo a Elizabeth David para que dejara su columna habitual en Harper's, ofreciéndole más dinero y mayor protagonismo: una página central completa con una columna de continuación en las siguientes hojas y una fotografía a página entera. El nuevo contrato implicaba que también escribiría para la revista hermana de Vogue, House & Garden.[104]​ Audrey Withers, la editora de Vogue, quería que Elizabeth David redactara columnas más personales que las que había hecho para Harper's, y le pagaba 20 libras al mes para ingredientes alimentarios y, de vez en cuando, 100 libras para viajes de investigación a Francia.[105]

Elizabeth David visitó varias zonas de Francia para completar la investigación de su siguiente libro, French Provincial Cooking, que supuso «la culminación y síntesis de una década de trabajo y reflexión».[106]​ Publicado en 1960, es, según Cooper en el Oxford Dictionary of National Biography, el libro por el que sería más recordada.[40]​ El agente de Elizabeth David negoció los contratos con una nueva editorial, Michael Joseph, y con una nueva ilustradora, Juliet Renny.[107]

Las reseñas del nuevo libro fueron tan elogiosas como las de sus predecesores.[108]The Times Literary Supplement escribió: «French Provincial Cooking necesita ser leído en lugar de ser consultado rápidamente. Discurre con cierta extensión sobre el tipo y el origen de los platos populares en varias regiones francesas, así como sobre los términos culinarios, las hierbas y los utensilios de cocina utilizados en Francia. Pero aquellos que puedan dedicarle un tiempo extra a este libro se verán bien recompensados con platos como la bourride de Charles Bérot y el cassoulet Colombié».[109][i]The Observer afirmó que era difícil pensar en un hogar que pudiera prescindir del libro y calificó a Elizabeth David de «un tipo de genio muy especial».[110]

French Provincial Cooking estuvo dedicado a Peter Higgins, que seguía siendo su amante. El esposo de Elizabeth David, del que estaba separada, vivía en España desde 1953 y, para vergüenza de su esposa, fue mencionado en un caso de divorcio del que se hizo eco la columna de cotilleos de The Daily Express. En una entrevista publicada en el periódico, Tony se había referido a Elizabeth David como «mi exesposa»; ella solicitó el divorcio y el proceso concluyó en 1960.[40][111]

Década de 1960

El pato blanco de Jean-Baptiste Oudry se utilizó como portada para la edición de 1970 de French Provincial Cooking de la editorial Penguin.

En 1960, Elizabeth David dejó de escribir para The Sunday Times debido a su descontento con la interferencia editorial en sus textos; poco después también abandonó Vogue, ya que el cambio de rumbo de la revista no se adaptaba al estilo de su columna.[112]​ Se unió a las publicaciones semanales The Spectator, Sunday Dispatch y The Sunday Telegraph.[113]​ Sus libros llegaban ya a un público muy amplio, al haber sido reimpresos en formato de bolsillo por la editorial de gran consumo Penguin Books, donde vendieron más de un millón de ejemplares entre 1955 y 1985.[114]​Su obra también tuvo un fuerte impacto en la cultura alimentaria británica: el historiador Peter Clarke considera que «la influencia trascendental de French Provincial Cooking (1960) de Elizabeth David, con sus enormes ventas como libro de bolsillo de Penguin, merece un reconocimiento histórico».[115][116][j]​ Cooper considera que la «carrera profesional de Elizabeth David estaba en su apogeo. Se la aclamaba no solo como la principal escritora británica sobre alimentación y cocina, sino como la mujer que había transformado los hábitos alimenticios de la clase media de Inglaterra».[40]

La vida privada de Elizabeth David fue menos dichosa. En abril de 1963, su romance con Higgins llegó a su fin cuando este volvió a casarse. Durante un tiempo bebió demasiado brandy y recurrió con excesiva frecuencia a las pastillas para dormir.[118]​ Probablemente como resultado de estos factores y del exceso de trabajo, en 1963, cuando tenía 49 años, Elizabeth David sufrió una hemorragia cerebral.[40]​ Mantuvo la noticia del suceso dentro de su círculo íntimo de amigos —ninguno de los editores de las publicaciones para las que trabajaba se enteró del colapso—, ya que no quería que se dañara su reputación de trabajadora incansable. Se recuperó, pero su confianza quedó muy mermada y su sentido del gusto se vio afectado de forma temporal; durante un periodo no pudo percibir el sabor de la sal ni el efecto que esta tenía en lo que cocinaba, pero su percepción del olor a cebolla frita se agudizó tanto que le resultaba desagradable.[119]

En noviembre de 1965, junto con cuatro socios comerciales, Elizabeth David abrió Elizabeth David Ltd, una tienda de venta de equipamiento de cocina en el número 46 de Bourne Street, Pimlico. Los socios se vieron impulsados por el cierre de una tienda de utensilios de cocina profesionales en el Soho tras la jubilación de su propietario, y por el reciente éxito de las tiendas Habitat de Terence Conran, que vendían, entre otras muchas cosas, equipamiento de cocina importado para el que evidentemente existía un mercado.[120][121]​Entre sus clientes se encontraban Albert y Michel Roux, que acudían allí a comprar utensilios que, de otro modo, habrían tenido que adquirir en Francia.[122]

Elizabeth David, que se encargaba de seleccionar las existencias, se mostró inflexible en la elección de la mercancía; a pesar de su amplia gama de utensilios de cocina, la tienda no vendía afiladores de cuchillos de pared ni prensas de ajo. Elizabeth David escribió un artículo titulado «Las prensas de ajo son completamente inútiles», se negó a venderlas y aconsejaba a los clientes que las pedían que se marcharan a otra parte.[40][123][k]​ Por el contrario, en ningún otro sitio se podían conseguir unos folletos escritos por Elizabeth David e impresos especialmente para la tienda. Algunos de ellos se incorporaron más tarde a sus recopilaciones de ensayos y artículos, An Omelette and a Glass of Wine e Is There a Nutmeg in the House?.[125]​ La tienda fue descrita en The Observer como:

... severamente sencilla. Pirámides de tazas de café francesas y cazuelas de hierro panzudas inglesas se alzan en el escaparate. [...] Estantes de hierro sostienen moldes de hojalata y cortadores de toda descripción, ollas de barro vidriadas y sin vidriar, cuencos y fuentes en colores tradicionales, ollas y sartenes sencillas de aluminio grueso, hierro fundido, esmalte vitrificado y porcelana resistente al fuego, vajilla sin adornos en formas clásicas y pulcras hileras de cuchillos, cucharas y tenedores de cocina.[121]

David redujo sus compromisos de escritura para concentrarse en la gestión de la tienda, pero colaboró con algunos artículos en revistas y empezó a centrarse más en la cocina inglesa. Seguía incluyendo muchas recetas, pero escribía cada vez más sobre lugares —mercados, albergues, granjas— y personas, incluyendo semblanzas de chefs y gastrónomos famosos como Marcel Boulestin y Édouard de Pomiane.[126]​ En sus artículos posteriores expresó opiniones firmes sobre una gran variedad de temas; abominaba de la palabra «crispy» (crujientito), exigiendo saber qué aportaba que no hiciera ya «crisp» (crujiente); [l]​confesó su incapacidad para rellenar la copa de vino de nadie hasta que estuviera vacía; [m]​ insistió en la forma tradicional «Welsh rabbit» en lugar de la invención moderna «Welsh rarebit»; se burló de los criterios de la Guía Michelin; lamentó las «guarniciones complicadas... que distraen de los sabores principales»; e invectivó contra los sucedáneos: «cualquiera lo bastante depravado como para inventar un plato que consista en una cuña de pan calentada al vapor untada con pasta de tomate y un trozo de queso Cheddar sintético puede llamarlo pizza».[130]

Mientras dirigía la tienda, Elizabeth David escribió otro libro completo, Spices, Salt and Aromatics in the English Kitchen (1970). Fue su primer libro en una década y el primero de una proyectada serie sobre la cocina inglesa que se titularía «English Cooking, Ancient and Modern».[131]​ Había decidido concentrarse en este tema mientras se recuperaba de su hemorragia cerebral en 1963. El libro supuso un distanciamiento de sus obras anteriores y contenía más historia de la alimentación sobre lo que ella denominaba «la preocupación inglesa por las especias y los aromas, las frutas, los condimentos, las fuentes y los aderezos de Oriente, próximo y lejano».[132]

Últimos años

Lápida en la tumba de Elizabeth David

Elizabeth David Ltd nunca fue más que modestamente rentable, pero Elizabeth David se negaba a rebajar sus criterios en busca de un beneficio comercial. Se contrató a un nuevo gerente para dirigir la tienda y Elizabeth David luchó contra muchos de sus cambios, pero siempre estuvo en minoría frente a sus socios directores.[133]​ El estrés de los desacuerdos sobre la política de la empresa —y las muertes de su hermana Diana en marzo de 1971 y de su madre en junio de 1973— contribuyó a sus problemas de salud, y empezó a sufrir fatiga crónica y piernas hinchadas y ulcerosas.[134]​ Poco a poco, sus socios comerciales consideraron que su enfoque comercial era insostenible y, en 1973, abandonó la empresa. Para su fastidio, la tienda siguió operando bajo su nombre, aunque intentó periódicamente convencer a sus antiguos colegas de que lo cambiaran.[40]

El segundo libro de Elizabeth David sobre comida inglesa fue English Bread and Yeast Cookery, en cuya investigación y redacción empleó cinco años.[135]​ La obra abarcaba la historia de la panificación en Inglaterra y un examen de cada ingrediente utilizado.[136]​ Se sentía indignada por la calidad del pan en Gran Bretaña y escribió:

Lo que resulta totalmente desalentador es el desastre que nuestras empresas molineras y panaderas logran hacer con el grano tan caro que entra en su molienda. Sencillamente, se desperdicia en una nación a la que le importa tan poco la calidad de su pan que se ha dejado hipnotizar para comprar el equivalente a ocho millones y cuarto de hogazas blancas grandes de fábrica cada día del año.[137][n]

En 1977, Elizabeth David resultó gravemente herida en un accidente de automóvil —sufrió una fractura en el codo izquierdo y en la muñeca derecha, daños en la rótula y la rotura de la mandíbula—, del cual tardó mucho tiempo en recuperarse.[139]​ Mientras estaba en el hospital, se publicó English Bread and Yeast Cookery. Su rigor académico recibió grandes elogios, y Jane Grigson, en un artículo para The Times Literary Supplement, sugirió que se debería regalar un ejemplar del libro a cada pareja que se casara,[140]​ mientras que Hilary Spurling, en su reseña para The Observer, consideró que no solo era «una acusación mordaz contra la industria panadera británica», sino que estaba realizada con «orden, autoridad, un alcance fenomenal y una meticulosa atención al detalle».[141]

Parte de la investigación que Elizabeth David llevó a cabo para English Bread and Yeast Cookery la realizó junto a Jill Norman, su amiga y editora.[142]​ Ambas decidieron que debían preparar dos libros más: Ice and Ices y una recopilación de los primeros artículos periodísticos de Elizabeth David. Al igual que ocurrió con su libro sobre el pan, el alcance de Ice and Ices crecía a medida que Elizabeth David investigaba más sobre el tema. La recopilación de los ensayos y artículos de prensa existentes llevó menos tiempo, y en 1984 se publicó An Omelette and a Glass of Wine, editado por Norman, quien se convirtió en la albacea literaria de Elizabeth David y editó otras obras de la autora tras su fallecimiento.[143]

La muerte en 1986 de su hermana menor Felicité, que había vivido en el piso superior de su casa durante treinta años, supuso un duro golpe para Elizabeth David. Comenzó a sufrir depresión y acudió al médico tras padecer dolores en el pecho; este le diagnosticó tuberculosis y fue hospitalizada. Tras una incómoda estancia de tres meses en el hospital, donde los medicamentos que le recetaron tenían efectos secundarios que afectaban a su claridad de pensamiento, su amigo, el importador de vinos y escritor Gerald Asher, organizó que se quedara con él en California para recuperarse.[144]

Elizabeth David realizó varias visitas a California, las cuales disfrutó mucho, pero su salud empezó a deteriorarse. Debido a que sus piernas le habían causado problemas durante algún tiempo, sufrió una serie de caídas que la llevaron a pasar varias temporadas en el hospital.[40]​ Se volvió cada vez más reclusiva pero, a pesar de pasar periodos en cama en su casa, continuó trabajando en Ice and Ices.[145]​ Se dio cuenta de que no sería capaz de terminar la obra y le pidió a Norman que la completara por ella. Se publicó en 1994 bajo el título Harvest of the Cold Months.[146]

En mayo de 1992, Elizabeth David sufrió un derrame cerebral, seguido dos días después por otro que resultó fatal; falleció en su casa de Chelsea el 22 de mayo de 1992, a los 78 años de edad. Fue sepultada el 28 de mayo en la iglesia familiar de St Peter ad Vincula, en Folkington. Ese septiembre se celebró un servicio conmemorativo en St Martin-in-the-Fields, en Londres, seguido de un pícnic en su memoria en el Institute of Contemporary Arts.[40][o]​ En febrero de 1994, las pertenencias de David se pusieron a subasta. Muchos de los asistentes —y de los que pujaron— eran admiradores de la obra de David, más que comerciantes profesionales. Prue Leith pagó 1100 libras por la vieja mesa de cocina de Elizabeth David porque era «donde cocinaba sus tortillas y escribía la mayoría de sus libros». La recaudación total de la subasta triplicó el valor estimado.[149][150]

Libros

A partir de 1950, Elizabeth David fue muy conocida por sus artículos en revistas y, en las décadas de 1960 y 1970, por su tienda de cocina, pero su reputación se basaba y sigue basándose principalmente en sus libros.[116]​ Los cinco primeros, publicados entre 1950 y 1960, abarcan la cocina de la Europa continental y más allá. [p]​ En la década de 1970, Elizabeth David escribió dos libros sobre la cocina inglesa. El último de sus libros publicado en vida fue una recopilación de ensayos y artículos impresos con anterioridad. A partir de las extensas notas y archivos dejados por la autora, su albacea literaria, Jill Norman, editó y completó cuatro libros más que Elizabeth David había planeado. Otros seis libros publicados desde la muerte de la autora han sido recopilaciones extraídas de sus obras existentes.[152]

Por consejo de su editor, Elizabeth David estructuró sus primeros libros intercalando recetas con fragmentos pertinentes de literatura de viajes y descripciones de paisajes de escritores anteriores y, a medida que aumentaban su confianza y su reputación, escritos por ella misma. A Book of Mediterranean Food (1950) recurre a nueve autores, desde Henry James hasta Théophile Gautier, entre once secciones de recetas. [q]​ Los críticos comentaron que los libros de Elizabeth David poseían tanto mérito literario como instrucción práctica.[154]

Algunos críticos, acostumbrados a escritores culinarios más prescriptivos, consideraban que su enfoque presuponía demasiados conocimientos por parte del lector.[155]​ En opinión de ella, «el escritor de cocina ideal es aquel que hace que sus lectores quieran cocinar, además de decirles cómo se hace; debe dejar algo, tal vez no demasiado, pero sí un poco, sin decir: la gente debe hacer sus propios descubrimientos, utilizar su propia inteligencia, de lo contrario se verá privada de parte de la diversión».[156][r]​ En The New York Times, Craig Claiborne escribió con admiración sobre Elizabeth David, pero señaló que, dado que asumía que sus lectores ya conocían los conceptos básicos de la cocina, sería «más valorada por quienes tienen un respeto serio por la comida que por quienes tienen un interés superficial». [s]​El escritor Julian Barnes comentó que, como cocinero aficionado, las concisas instrucciones de Elizabeth David le resultaban intimidantes; sobre una receta de Italian Food, escribió:

«La primera frase de E.D. dice así: "Derrita 1½ libras (675 g) de tomates picados y pelados en aceite de oliva"... ¿Derrita? ¿Derretir un tomate? [...] ¿Podría ser que Elizabeth David fuera demasiado buena escritora para ser escritora de gastronomía?».[161]

Un cocinero posterior, Tom Parker Bowles, observa: «Uno no recurre a Elizabeth David en busca de instrucciones paternalistas paso a paso, ni de cantidades y tiempos precisos. Asume que conoces lo básico y es una escritora que ofrece inspiración y una prosa maravillosa y obstinada. Sus recetas son atemporales y todos sus libros son magníficas obras de referencia (e incansablemente investigadas), además de lecturas hermosas».[162]

Los ocho libros y ocho folletos de Elizabeth David publicados en vida abarcan la comida de Francia, Italia, el resto del Mediterráneo y más allá, adentrándose en Asia, e Inglaterra.

Francia

Dos de los libros más conocidos de Elizabeth David se centran en la gastronomía de Francia: French Country Cooking (1951) y French Provincial Cooking (1960); Francia también ocupa un lugar destacado, aunque no exclusivo, en otros dos: A Book of Mediterranean Food (1950) y Summer Cooking (1955). Estableció el patrón de sus libros agrupando las recetas por categorías, con secciones entrelazadas por pasajes literarios de su elección. En su primer libro, Mediterranean Food, Elizabeth David presentó capítulos sobre sopas; huevos y platos para el almuerzo; pescado; carne; platos sustanciosos; aves y caza; verduras; comida fría y ensaladas; dulces; mermeladas, chutneys y conservas; y salsas. Siguió a grandes rasgos este mismo patrón en sus siguientes cuatro libros.[163]​ La opinión de Elizabeth David sobre el lugar de la cocina francesa en la jerarquía de la gastronomía mundial se expone en su introducción a French Country Cooking: «La cocina regional y campesina francesa... en su mejor expresión, es la más deliciosa del mundo; una cocina que aprovecha al máximo las materias primas sin llegar a los extremos absurdos de la complicada y llamada haute cuisine».[164]​ Era una firme defensora del enfoque tradicional francés a la hora de comprar y preparar los alimentos:

La buena cocina es honesta, sincera y sencilla, y con esto no quiero dar a entender que encontrará en este, ni en ningún otro libro, el secreto para preparar comida de primera clase en pocos minutos y sin ninguna molestia. La buena comida siempre da trabajo y su preparación debe considerarse como una labor de amor, y este libro está destinado a quienes disfrutan real y positivamente del esfuerzo que implica agasajar a sus amigos y proporcionar a sus familias una comida de primer nivel.[164]

Aunque no descuidaba los platos elaborados —dedicó seis páginas a la elección de ingredientes y a la cocción del pot-au-feu o del lièvre à la Royale (un salmis de liebre)—,[165]​ Elizabeth David consideraba que la cocina sencilla de todos los días era en cierto modo más exigente, y ofreció muchas recetas para «el tipo de comida que se consume con frecuencia en los hogares franceses ahorradores, y que es muy buena».[166]

Elizabeth David subrayó la importancia de que los cocineros realizaran una compra de ingredientes cuidadosa y fundamentada. Escribió capítulos sobre mercados franceses como los de Cavaillon, Yvetot, Montpellier, Martigues y Valence.[167]​ A pesar de la percepción generalizada de que su visión de la comida era esencialmente mediterránea, French Provincial Cooking, con diferencia su libro más extenso hasta la fecha, examinaba la gastronomía de Francia desde Normandía y la Isla de Francia hasta Alsacia, Borgoña, el Loira, Burdeos y el País Vasco, además del sur.[163]​Al analizar todo el panorama de los libros de cocina, Jane Grigson consideró este como «el mejor y más estimulante de todos».[168]

Italia

A diferencia de sus dos predecesores, Mediterranean Food y French Country Cooking, el libro de Elizabeth David Italian Food (1954) apenas aprovechó textos que ya hubiera escrito. Pasó muchos meses en Italia investigando para la obra antes de comenzar a trabajar en el manuscrito. [t]​ Con dos libros de éxito ya publicados, Elizabeth David sintió menos necesidad de incluir fragmentos de escritores anteriores para reforzar su prosa, e intercaló las recetas con sus propios ensayos e introducciones para las distintas secciones.[170]​El libro comienza con un capítulo sobre «La despensa italiana», que ofrecía a los cocineros británicos —quienes en aquella época generalmente no estaban familiarizados con la mayor parte de la gastronomía y los métodos de Italia— una perspectiva sobre las hierbas y especias italianas, productos básicos enlatados, embotellados o secos como anchoas, atún, funghi, prosciutto y garbanzos, así como elementos esenciales de la cocina italiana como el ajo y el aceite de oliva, ambos difíciles de ver en la Gran Bretaña de principios de la década de 1950.[171]​ El resto del libro sigue el patrón básico de sus obras anteriores, con capítulos sobre sopas, pescado, carne, verduras y dulces, a los que se añaden temas específicos relevantes para la comida italiana: pasta asciutta, raviolis y ñoquis, arroz y vino italiano.

Además de las que aparecen en Italian Food, en las demás obras de Elizabeth David se encuentran muchas recetas italianas y descripciones de sus tierras y gentes. La primera receta de su primer libro, Mediterranean Food —la soupe au pistou— es de origen genovés.[171]​ También en ese libro se incluyen recetas de bocconcini, [u]​ ossobuco[172]​ y varios platos italianos de pasta[172]​ y pollo.[173]​ Entre las recetas de Summer Cooking figura la peperonata (pimientos cocinados con tomates en aceite de oliva y mantequilla[172]​), que se reimprimió como el artículo que daba título a una selección posterior de las obras de Elizabeth David.[174]​ En An Omelette and a Glass of Wine, Elizabeth David incluyó recetas italianas que abarcaban sopas y tortillas hechas con lúpulo (zuppa di luppoli y frittata con i loertis).[175]​ En ese mismo libro aparecen extensos ensayos sobre personas y lugares de Italia.[176]​ Por su parte, Is There a Nutmeg in the House? incluye un artículo de seis páginas sobre platos de verduras de Mantua y otro de longitud similar sobre las variantes de la pizza en Italia y fuera de ella.[177]

Otras tierras mediterráneas y más allá

Cuando se publicó el primer libro de Elizabeth David, Mediterranean Food, en 1950, el público británico todavía sufría el racionamiento de alimentos posterior a la Segunda Guerra Mundial. Su evocación de la abundancia cotidiana y la excelencia de la comida mediterránea fue reveladora y, aunque no llegó a un público amplio hasta que salieron las ediciones baratas en formato de bolsillo a mediados de la década de 1950, los críticos detectaron de inmediato su importancia.[178][v]

En la introducción de Mediterranean Food, Elizabeth David expuso su premisa básica: «La cocina de las costas mediterráneas, dotada de todos los recursos naturales, el color y el sabor del sur, es una mezcla de tradición y brillante improvisación. El genio latino destella en las sartenes de la cocina. Es una cocina honesta, también; nada de la falsa grande cuisine del International Palace Hotel».[180]​ Admitió, no obstante, que la cultura alimentaria del Mediterráneo no era exclusivamente latina, y que florecía en «la Grecia continental y los territorios tan disputados de Siria, el Líbano, Constantinopla y Esmirna».[180]​ Describió los elementos siempre recurrentes en la comida de todos estos países como:

... el aceite, el azafrán, el ajo, los penetrantes vinos locales; el perfume aromático del romero, la mejorana silvestre y la albahaca secándose en las cocinas; la brillantez de los puestos de los mercados repletos de pimientos, berenjenas, tomates, aceitunas, melones, higos y limas; los grandes montones de pescado reluciente, plateado, bermellón o con rayas de tigre, y esos largos peces aguja cuyas espinas, misteriosamente, resultan ser verdes.[180]

En sus demás libros, Elizabeth David ofrece recetas de todo el Mediterráneo, incluyendo el gazpacho y las tortillas de España;[181]​ los dolmades y los huevos con skordalia de Grecia;[182]​ las berenjenas rellenas de cordero, la sopa de yogur y un estofado de zanahorias y arroz de Turquía;[183]​ y un plato sirio de pollo con almendras y crema. <[184]​ De regiones más alejadas incluye un chutney de gambas de Mauricio;[185]​ una sopa fría de pepino y remolacha de Rusia;[186]​ un maqluba persa de berenjenas, arroz y cordero;[187]​ los kebabs sij y el garam masala de la India;[188]​ y la pizza armenia, de la que afirmaba que era más antigua que la versión italiana.[189]

En un estudio de 2012 para la Australasian Universities Language and Literature Association, Carody Culver escribe: «Es el lenguaje de Elizabeth David, particularmente su uso de la descripción, lo que refuerza con más fuerza la calidad narrativa y literaria de Mediterranean Food. Sus imágenes, anécdotas y citas literarias transforman sus recetas en historias de experiencia y memoria. [...] Los ingredientes y los platos no se presentan simplemente como parte de una lista de instrucciones, sino que se representan como parte de una cultura específica».

Inglaterra

Spices, Salt and Aromatics in the English Kitchen (1970) y English Bread and Yeast Cookery (1977) incluyen algunos platos británicos de fuera de Inglaterra, como los Arbroath smokies y los bannocks escoceses, o el pato en salazón y el bara brith galeses.[190][191]​ Elizabeth David, al igual que muchas personas de su generación y clase social, utilizaba los términos «Inglaterra» e «inglés» para referirse a la totalidad de Gran Bretaña.[192]

Algunos escritores han considerado que Elizabeth David descuidó la cocina de su propio país en favor de la gastronomía mediterránea. En la revista de humor Punch, Humphrey Lyttelton sostuvo que ella prefería los «saucissons inaccesibles y a menudo indigestos» a la «espléndida salchicha de Cumberland».[193]​ En 2009, el crítico gastronómico Tim Hayward la acusó de escribir «tonterías románticas e ingenuas», excesivamente centradas en Francia y el Mediterráneo.[194]​ Chaney comenta que cuando se publicó Spices, Salt and Aromatics in the English Kitchen en 1970, algunos de los admiradores más fervientes de Elizabeth David se quedaron perplejos al verla ensalzar la tradición culinaria británica, «en su mejor expresión... tan rica y gratificante como la del Mediterráneo».[195]​ Cooper escribe que, aunque el cambio de enfoque de la comida francesa y mediterránea a la inglesa sorprendió al público, Elizabeth David llevaba tiempo orientándose hacia él.[196]

Elizabeth David abordó sus temas ingleses con gran minuciosidad: Spices, Salt and Aromatics in the English Kitchen es más extenso que Mediterranean Food, French Country Cooking o Summer Cooking.[197]​ Su intención era que fuese el primero de una serie de tres o incluso cinco libros sobre la cocina inglesa: «Depende de cuánto tiempo tenga... Los volúmenes posteriores tratarán sobre el pan, la levadura, los pasteles, las cremas y los quesos, los platos con huevo, y la carne y la caza».[198]​Nunca llegaron a escribirse, a excepción de English Bread and Yeast Cookery, que es, por casi cien páginas, la más extensa de todas las obras de Elizabeth David.[197]

Elizabeth David siguió conscientemente los pasos de Hilda Leyel y Dorothy Hartley en la investigación de los ingredientes y platos británicos. [w]​ Al igual que ellas, indagó en la historia regional para encontrar lo que consideraba «las tradiciones de una cultura arraigada a la tierra» antes de «los estragos de la Revolución Industrial».[200]​ No idealizó el pasado culinario de Gran Bretaña: «Los trabajadores agrícolas y de las fábricas, los artesanos y los oficinistas seguían viviendo con una dieta muy restringida... sus instalaciones para cocinar eran tan primitivas y su equipamiento tan escaso que solo se podían intentar las formas más básicas de cocina».[201]​ Sin embargo, sus referentes constantes fueron los ingredientes honestos y la cocina sin complicaciones. Condenó —y explicó las alternativas a— lo artificial, lo sucedáneo, el «notorio pan de Chorleywood»[202]​ y «todos los potenciadores sintéticos del sabor... Nadie ha sido capaz de descubrir jamás por qué los ingleses consideran una extravagancia temeraria añadir una copa de vino a una sopa o a un estofado y, al mismo tiempo, gastan libras en salsas embotelladas, salsas en polvo, cubitos de caldo, kétchups y saborizantes artificiales».[203]

Ambos libros ingleses están divididos en dos partes. La primera sección es histórica y sitúa el tema en contexto para el lector moderno. En Spices, Salt and Aromatics, Elizabeth David escribe sobre los antecedentes de las hierbas, especias y condimentos que entraron en uso en las cocinas británicas a lo largo de los siglos anteriores, y traza la historia de su adopción desde Asia y la Europa continental. The Times Literary Supplement calificó esta parte del libro como «tan difícil de dejar de leer como un buen thriller».[204]​ Elizabeth David sigue un camino similar en English Bread and Yeast Cookery; en su reseña del libro, Hilary Spurling escribió que contenía «una historia de prácticamente cada avance desde los cultivos y los molinos de mano de la Edad de Piedra».[141]​ Las segundas secciones de los dos libros, que son las más extensas, contienen las recetas y las descripciones.[197]

Recopilaciones de ensayos y artículos

Aunque Elizabeth David había recurrido a sus numerosos artículos de revista para obtener material para sus libros anteriores, An Omelette and a Glass of Wine (1984) fue la primera antología directa de su trabajo. Compilada con la ayuda de Jill Norman, consiste en una selección realizada por la propia Elizabeth David de sus ensayos y artículos publicados desde 1949. [x]

El artículo del que el libro toma su título es un ensayo sobre «la comida casi primitiva y elemental que evocan las palabras: "Tomemos solo una tortilla y una copa de vino"».[205]​ Entre los demás temas tratados se encuentran semblanzas de personas como Norman Douglas, Marcel Boulestin, Beeton y «Un gourmet en el Londres eduardiano», el coronel Nathaniel Newnham-Davis.[206]​ Varias secciones están dedicadas a descripciones de los mercados de ciudades rurales francesas[207]​ y de restaurantes y hoteles sin pretensiones en Francia.[208]​ Hay artículos sobre limones, carne en conserva, mayonesa, pizza, syllabubs, trufas y sobre las cocinas de España y Marruecos.[209]​ Para la mayoría de los artículos, Elizabeth David proporcionó una introducción o una nota posterior, o ambas cosas.[210]

Elizabeth David tenía la intención de publicar un segundo volumen de este tipo[143]​ y, ocho años después de la muerte de la autora, Norman, su albacea literaria, publicó una secuela, Is There a Nutmeg in the House? (2000). Al igual que su predecesor, se nutrió de artículos de revistas, ensayos y otros escritos anteriores, a los que Norman añadió artículos escritos por Elizabeth David en la década de 1980. La primera sección del libro es una breve pieza autobiográfica, algo inusual en Elizabeth David, quien protegía su privacidad con recelo. El interés de Elizabeth David por los aspectos históricos de la gastronomía tiene cabida en ensayos sobre la historia de Oxo y Bovril, Alexis Soyer y la patata.[211]​ Los artículos dirigidos al cocinero doméstico incluyen «No se desespere con el arroz», «Cómo hacer helado» y uno que exponía una opinión por la que era famosa: «Las prensas de ajo son completamente inútiles».[212]The New York Times calificó el libro como «esta miscelánea tan atractiva y completamente absorbente. [...] Este es un libro lo suficientemente bueno como para comérselo y, en cierto modo, puedes hacerlo».[213]

Folletos

Elizabeth David escribió ocho folletos sobre temas individuales. Los dos primeros, The Use of Wine in Fine Cooking (1950) y The Use of Wine in Italian Cooking (1952), fueron encargados y publicados por los comerciantes de vino Saccone and Speed. Elizabeth David reutilizó el primero como capítulo en French Country Cooking.[214]

Para su tienda de equipamiento de cocina, Elizabeth David escribió Dried Herbs, Aromatics and Condiments (1967); English Potted Meats and Fish Pastes (1968); The Baking of an English Loaf (1969); Syllabubs and Fruit Fools (1969) y Green Pepper Berries (1972). Parte del contenido se tomó de sus artículos de revista publicados anteriormente, y otra parte se volvió a utilizar y ampliar en sus libros posteriores.[215]

El último folleto de Elizabeth David fue Cooking with Le Creuset (1989), escrito para los fabricantes franceses de utensilios de cocina Le Creuset.[216]

Publicaciones póstumas

Además de Is There a Nutmeg in the House?, Norman completó y editó otros tres libros planeados por David tras el fallecimiento de la autora.[146]

Harvest of the Cold Months (1994) lleva por subtítulo «Una historia social del hielo y de los helados».[217]​ Elizabeth David había estado trabajando en él de forma intermitente durante varios años antes de sus últimas enfermedades. El libro rastrea la historia del hielo en las cocinas de Europa desde la época medieval, cuando era necesario traerlo de las montañas y conservarlo en pozos de nieve. El crítico de The Independent lo describió como «no un libro de cocina, sino una hazaña impresionante de erudición detectivesca... suntuoso y majestuoso».[218]​ En su reseña del libro para The Times, Nigella Lawson escribió que, aunque merecía un lugar en los estantes de cualquier persona interesada por la comida, revelaba un declive en las energías de la autora y «carece de su habitual y animada, aunque feroz, legibilidad».[219]

South Wind Through the Kitchen (1997) fue la culminación de uno de los proyectos de los últimos años de Elizabeth David en el que trabajó junto a Norman: una recopilación en un solo volumen de lo mejor de sus extensos escritos. Norman invitó a chefs, escritores y amigos de Elizabeth David a elegir sus artículos y recetas favoritos de la autora. Muchos de los colaboradores, como el chef Simon Hopkinson, aportaron una introducción o una nota posterior a las piezas que eligieron. Los fragmentos y recetas proceden de todos los libros de Elizabeth David publicados hasta 1996. Incluye más de doscientas recetas, organizadas de la manera habitual con secciones sobre platos e ingredientes —huevos y queso, pescados y mariscos, carnes, aves y caza, verduras, pastas, legumbres y granos, salsas, postres y pasteles, conservas y pan— intercaladas, como en las obras anteriores de Elizabeth David, con artículos y ensayos.[220]​ El título del libro proviene de un ensayo publicado en 1964 y reimpreso en An Omelette and a Glass of Wine, y es una referencia a South Wind (Viento del sur), la novela más conocida del mentor de Elizabeth David, Norman Douglas.[221]

El último de los libros planeados por Elizabeth David fue Elizabeth David's Christmas (2003). Ella y Norman ya habían hablado de un libro así en la década de 1970, pero el trabajo en otros proyectos lo impidió. Tras la muerte de David, al ordenar los papeles de la autora, Norman descubrió que Elizabeth David había escrito y recopilado mucho más material sobre la temática navideña de lo que nadie se había imaginado. Las recetas de Navidad que más a menudo se le habían solicitado a Elizabeth David constituyeron el núcleo del libro. Junto con algunas recetas navideñas de Mediterranean Food, French Provincial Cooking y Spices, Salt and Aromatics in the English Kitchen, y artículos revisados publicados en años anteriores en revistas, se transformaron en una obra de 214 páginas. Los capítulos trataban sobre el aspecto social e histórico de la Navidad, primeros platos y carnes frías, sopas, aves y caza, carnes, verduras y ensaladas, salsas, encurtidos y chutneys, y postres, pasteles y bebidas.[222]​ El libro reimprime una de las frases más citadas de Elizabeth David, publicada por primera vez en Vogue en 1959 e incluida en Is There a Nutmeg in the House? en 2000: «Si las cosas se hicieran a mi manera —y no se harán—, mi comida y bebida del día de Navidad consistirían en una tortilla, jamón frío y una buena botella de vino a la hora del almuerzo, y un sándwich de salmón ahumado con una copa de champán en una bandeja en la cama por la noche».[223]

Entre 1995 y 2011, Penguin Books publicó cuatro selecciones en formato de bolsillo de los libros de Elizabeth David: I'll be with You in the Squeezing of a Lemon (1995), Peperonata and Other Italian Dishes (1996), Of Pageants and Picnics (2005) y A Taste of the Sun (2011).[224]​ También se publicaron otras dos selecciones de tapa dura de los escritos de Elizabeth David, con Norman como editora. At Elizabeth David's Table (2010) se publicó para conmemorar el 60.º aniversario del primer libro de Elizabeth David. Con contribuciones introductorias de varios destacados chefs británicos, entre ellos Hopkinson, Hugh Fearnley-Whittingstall, Rose Gray y Jamie Oliver, comprende recetas y ensayos de las obras ya publicadas de David. Consta de doce capítulos que abarcan los distintos platos de una cena, desde sopas hasta postres, y otros temas como la panificación, la cocina «rápida y fresca» y las descripciones de Elizabeth David de los mercados franceses e italianos.[225]​Por su parte, Elizabeth David on Vegetables (2013) se nutrió principalmente de Mediterranean Food, Italian Food, French Provincial Cooking y An Omelette and a Glass of Wine. Contiene secciones sobre sopas; platos pequeños; ensaladas; pasta; ñoquis y polenta; arroz; alubias y lentejas; platos principales; panes; y postres.[226]

Premios y honores

Elizabeth David ganó el premio Glenfiddich al Escritor del Año en 1978 por English Bread and Yeast Cookery. También fue galardonada con doctorados honoris causa por las universidades de Essex y Bristol, y con la distinción de Chevalier de l'Ordre du Mérite Agricole. Fue nombrada Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) en 1976 y ascendida a Comendadora de la Orden (CBE) en 1986. Sin embargo, el honor que más le complació fue ser nombrada miembro de la Royal Society of Literature en 1982, en reconocimiento a sus dotes como escritora.[40]

En 2012, con motivo del Jubileo de Diamante de Isabel II, Elizabeth David fue elegida por la BBC Radio 4 como uno de los sesenta británicos que más influencia habían tenido durante los sesenta años de reinado de la reina.[227]​ En 2013, su retrato formó parte de una serie de sellos de primera clase emitidos para celebrar el centenario de diez «Grandes Británicos».[228]​ En 2016, se colocó una placa azul de English Heritage en su antigua casa del número 24 de Halsey Street, Chelsea, donde había vivido durante cuarenta y cinco años; fue la primera escritora gastronómica en recibir este tipo de reconocimiento.[229]

Legado

Placa azul en el número 24 de Halsey Street, Chelsea, donde David vivió durante 45 años.

Los obituarios de Elizabeth David fueron afectuosos y estuvieron llenos de elogios hacia su trabajo y su legado.[114]​ En The Guardian, el crítico gastronómico Christopher Driver la calificó como «la escritora culinaria y erudita en lengua inglesa más influyente de este siglo»,[230]​ mientras que el redactor del obituario de The Times escribió:

Elizabeth David era la gran dama de los escritores culinarios ingleses. Influyó en las generaciones posteriores, tanto si tenían la intención de convertirse en expertos culinarios como si simplemente tomaban de la estantería de la cocina un ejemplar sobado de Elizabeth David editado por Penguin para la cena del día siguiente. «Elizabeth David dice...» era la forma habitual de resolver cuánta especia —y qué especias— debían añadirse a un estofado y cuánto ajo debía ponerse en un aderezo. En su mejor momento, su prosa era tan precisa como sus instrucciones, a diferencia de la de algunos de sus predecesores, que a veces envolvían los consejos sobre qué hacer en la cocina en frases impenetrables. Era un placer leerla, una estilista de verdadera distinción. Quizá solo en Gran Bretaña se la habría clasificado como «escritora gastronómica», una frase que con demasiada frecuencia resulta más bien condenatoria. Elizabeth David combinaba la sensibilidad de una estudiosa de la historia con el don del viajero esteta para transmitir la esencia de un lugar.[231]

La escritura de Elizabeth David influyó en el enfoque cultural de los británicos hacia la comida.[232][233]​ Según la periodista gastronómica Joanna Blythman, «obró un milagro tanto cultural como gastronómico en la Gran Bretaña de la posguerra al presentar a la nación una visión de la comida continental fresca»,[234]​ mientras que la escritora Rose Prince considera que Elizabeth David «cambió para siempre la forma de cocinar de los británicos». Janet Floyd, profesora de Literatura Americana en el King's College de Londres, sostiene que Elizabeth David no fue un motor del cambio, sino que llegó a personificar dicho cambio.[235][y]​ La historiadora literaria Nicola Humble observa que «la revolución alimentaria de los años de la posguerra probablemente habría ocurrido sin Elizabeth David, aunque en su ausencia habría sucedido de forma muy diferente».[236]

Floyd comenta que Elizabeth David «mostró poco interés en atraer o conectar con un público ajeno a la élite social»;[237]​Cooper aborda este mismo punto, aunque destaca una reseña positiva de French Provincial Cooking en The Daily Worker —un periódico que representaba al Partido Comunista de Gran Bretaña— como prueba de que Elizabeth David tenía un público más amplio de lo que algunos le reconocen.[108]

Elizabeth David ha aparecido en obras de ficción al menos en dos ocasiones. En 2000, la editorial Carroll & Graf publicó la novela Lunch with Elizabeth David, de Roger Williams,[238]​ y en 2006 la BBC emitió Elizabeth David: A Life in Recipes, una película protagonizada por Catherine McCormack en el papel de Elizabeth David y Greg Wise como Peter Higgins.[239]​ En 1998, Lisa Chaney publicó una biografía de Elizabeth David; el periodista Paul Levy la consideró «apresurada y chapucera», aunque en The New York Times Laura Shapiro la calificó de «exhaustiva».[240]​ Al año siguiente, Artemis Cooper publicó una biografía autorizada, Writing at the Kitchen Table.[241]​ También redactó la entrada sobre Elizabeth David en el Dictionary of National Biography en 2004 (actualizada en 2011).[40]​ Los documentos personales de Elizabeth David se conservan en la Biblioteca Schlesinger del Instituto Radcliffe de Estudios Avanzados de la Universidad de Harvard.[242]

La pasión de Elizabeth David por los utensilios de cocina influyó en el estilo de la época. Conran reconoce que el trabajo de ella «formó una parte importante del proceso de aprendizaje que condujo a Habitat»,[243]​ y el éxito del establecimiento Elizabeth David Ltd contribuyó a la demanda de utensilios de cocina provinciales franceses.[244]​ Elizabeth David hizo todo lo posible para asegurarse de que los ilustradores de sus libros cuidaran los pequeños detalles; en un borrador de la introducción para French Provincial Cooking, escribió: «Estaba ansiosa por que se dejara constancia de tales detalles porque algunas de estas ollas de cocina regionales ya están empezando a ser muy difíciles de encontrar en Francia, por lo que, en cierto sentido, los dibujos de Juliet Renny constituyen un pequeño registro histórico por derecho propio».[245]

La continua campaña de Elizabeth David contra la producción en masa y la estandarización de los alimentos se adelantó a su tiempo,[246]​ aunque Chaney describe sus pensamientos como «instintivos e inconexos».[247]​ Una de las pasiones de Elizabeth David, la premisa de comprar productos locales de temporada y prepararlos de forma sencilla, es un mensaje que continúan Stein, Slater y Fearnley-Whittingstall.[248]

Otros cocineros y chefs han reconocido la influencia de Elizabeth David en sus propias obras y en las de sus colegas; su contemporánea Jane Grigson escribió en 1967: «Nadie puede producir un libro de cocina hoy en día sin un profundo aprecio por la obra de Elizabeth David».[249]​ Grigson escribió más tarde:

Albahaca no era más que el nombre de unos tíos solterones, courgette se imprimía en cursiva como una palabra extranjera y pocos de nosotros sabíamos cómo comer espaguetis o desmenuzar una alcachofa de Jerusalén. [...] Entonces llegó Elizabeth David como la luz del sol, escribiendo con concisa elegancia sobre la buena comida, es decir, sobre la comida bien concebida, bien cocinada. Nos hizo comprender que podíamos hacerlo mejor con lo que teníamos.[250]

Rick Stein, un chef más actual, afirma que Elizabeth David influyó tanto en sus primeros trabajos que utilizó una de las ilustraciones de Minton para A Book of Mediterranean Food en sus menús cuando abrió su primer restaurante.[251]​ Otros, como Nigel Slater, Gordon Ramsay, Jamie Oliver, Prue Leith y Clarissa Dickson Wright, han recibido la influencia de Elizabeth David; Dickson Wright afirmó que Elizabeth David «me enseñó que la comida es algo más que cocinar; es también poesía y pasión. También me enseñó a no conformarme nunca con un segundo puesto culinario».[248][252]​ Norman cita que Leith se quedó bastante sorprendida cuando preguntó a los estudiantes de una escuela de hostelería cuántos de ellos habían leído los libros de David y ni uno solo levantó la mano: «Pero los libros se venden —veo las declaraciones de derechos de autor— y se nota su influencia en la cocina de Jeremy Lee, Shaun Hill y Rowley Leigh».[116]

La influencia de Elizabeth David viajó más allá de Gran Bretaña, y Marian Burros escribió en The New York Times en 1992 que «docenas de los jóvenes chefs que han llevado a la gloria a la cocina estadounidense durante las dos últimas décadas están en deuda con David».[253][z]​ Ese mismo año, la periodista Susan Parsons escribió en The Canberra Times que «cada chef australiano destacado mayor de 40 años rinde homenaje a Elizabeth David como una influencia fundamental en su enfoque de la comida».[255]​ Cocineros australianos más modernos, como Kylie Kwong, también han citado a Elizabeth David como una influencia continua en su trabajo.[256]

Michael Bateman, crítico gastronómico de The Independent, consideró que Elizabeth David «será recordada como una influencia mucho mayor en la comida inglesa que Beeton»;[257]​ el escritor Auberon Waugh escribió que, si le pidieran que nombrara a la mujer que había aportado la mayor mejora a la vida inglesa en el siglo XX, «mi voto sería para Elizabeth David».[258]​ Cooper, biógrafa de David, concluye así su artículo para el Oxford Dictionary of National Biography:

Elizabeth David fue la mejor escritora sobre gastronomía y bebida que ha producido jamás este país. Cuando empezó a escribir, en la década de 1950, los británicos apenas se fijaban en lo que tenían en el plato, lo que quizá fuera una suerte. Sus libros y artículos convencieron a sus lectores de que la comida era uno de los grandes placeres de la vida, y de que cocinar no debía ser una pesadez, sino un acto emocionante y creativo. Al hacerlo, inspiró a toda una generación no solo a cocinar, sino a pensar en la comida de una manera completamente diferente.[40]

Notas

  1. Según la biógrafa Pamela Cullen, el tío de Elizabeth David, Roland Gwynne, presentó «una entrada falsa en el Burke's Peerage» en la que afirmaba que la familia era galesa en lugar de irlandesa.[3]
  2. Como consecuencia de que su padre fuera miembro de la Cámara de los Comunes, Elizabeth fue bautizada en la Capilla de la Cripta del Palacio de Westminster el 22 de enero de 1914. Sus padrinos fueron su abuela materna; Winifred Blow, esposa de Detmar Blow; Dudley Gordon; y Algernon Littleton.[6]
  3. Cooper, pág. 21, afirma que Rupert Gwynne tenía 52 años al momento de su muerte, pero Who's Who y Alumni Cantabrigienses confirman que la fecha de nacimiento de Gwynne fue el 2 de agosto de 1873, lo que lo hace tener 51 años cuando murió.[10]
  4. En sus memorias, Cowan afirma que nació en Pewley Hill, Guildford, en 1903 en el seno de una antigua familia del East End.[31]
  5. Dos de sus ensayos sobre él, "Hazlo a tu manera" y "Si te apetece comer tiburón", están incluidos en Una tortilla y una copa de vino (1984).[42]
  6. Dos de sus ensayos sobre él, Have It Your Way y If You Care to Eat Sharkestán incluidos en An Omelette and a Glass of Wine (1984).[61]
  7. El primer artículo fue Rice again, sobre cómo la mayor disponibilidad de arroz significó que platos como risottos, curries y pilafs pudieran volver a disfrutarse.[69]
  8. Las opiniones de David sobre las ilustraciones inapropiadas se expresaron en su ensayo South Wind in the Kitchen.[74]
  9. Respectivamente, un plato provenzal de filetes de pescado blanco en salsa de alioli y crema, y un guiso languedoc de alubias con cerdo, cordero, salchicha y ganso.
  10. Para 1964, los primeros cinco libros de Elizabeth David ya estaban disponibles en edición de bolsillo, llegando así a una nueva generación de lectores.[117]
  11. Elizabeth David sostenía que al usar prensas de ajos solo se extraía el jugo, que tenía un sabor amargo. Ella recomendaba machacar un diente de ajo pelado con la hoja plana de un cuchillo pesado y añadirle un poco de sal.[124]
  12. Cocineros posteriores, entre ellos Nigella Lawson[127]​y Simon Hopkinson,[128]​ fueron muy conscientes de la desaprobación de David hacia esa palabra.
  13. Este fue un legado de la tutela de Norman Douglas: «Ojalá me escucharas cuando te digo que si me llenas el vaso antes de que esté vacío, no sabré cuánto he bebido». Hasta el día de hoy, no puedo obligarme a rellenar el vaso de otra persona hasta que esté vacío.[129]
  14. En el libro, Elizabeth reprodujo una viñeta periodística publicada durante una huelga de panaderos en 1974, en la que una ama de casa le dice a otra: "Les he estado dando trozos de esponja de baño, y todavía no se han dado cuenta".[138]
  15. Entre los dolientes se encontraban cocineros, como Julia Child, Sophie Grigson, Simon Hopkinson, Anton Mosimann, Jennifer Paterson y Alice Waters; y escritores, como Derek Cooper, Matthew Fort, Hugh Johnson y Jancis Robinson.[147]​ En el picnic, preparado por Hopkinson de Bibendum, Sally Clarke de Clarke's y Martin Lam de L'Escargot, se elaboraron platos con recetas de Elizabeth David: bocconcini con hojas de albahaca; ensalada de lentejas marinadas y queso de cabra; remolacha baby y cebollino; ensalada de berenjena especiada; pimientos piamonteses; ensalada de museau; atún a la parrilla, cebolla roja y judías; y frutas de otoño con queso fresco.[148]
  16. David miraba con recelo la palabra "cocina" cuando la usaban los escritores ingleses, llamándola "esa palabra sospechosa de folleto turístico".[151]
  17. Entre estos autores también se encontraban Norman Douglas, Lawrence Durrell, Gertrude Stein, D. H. Lawrence, Osbert Sitwell, Compton Mackenzie y Arnold Bennett.[153]
  18. Para quienes buscaban instrucciones más precisas, David recomendó, entre otros libros, Mastering the Art of French Cooking (1960) de Simone Beck, Louisette Bertholle y Julia Child, del cual dijo en French Provincial Cooking: «Una obra realmente notable, que trata principalmente sobre la alta cocina francesa. Las técnicas explicadas, de forma más auténtica y completa que en cualquier otro libro de cocina anterior en inglés, son aplicables a toda la cocina francesa, sea cual sea su categoría. ... Un libro de referencia importante para todo cocinero serio, aficionado o profesional». Entre otros contemporáneos cuyos libros recomendó Elizabeth David se encontraban Jane Grigson y Alan Davidson.[157]
  19. Al reseñar French Provincial Cooking, Claiborne comentó que las instrucciones de David podían ser tan breves como "Preparar una mayonesa muy espesa con dos o incluso tres yemas de huevo".[158]​ Las propias instrucciones de Claiborne sobre cómo hacer mayonesa en su A Kitchen Primer ocupan tres páginas.[159]​ Elizabeth David había dado anteriormente consejos detallados sobre cómo hacer mayonesa en Summer Cooking, dedicando más de 400 palabras al tema, y más tarde escribió un artículo sobre el tema que ocupa siete páginas y media en Is There a Nutmeg in the House?[160]
  20. Prefería escribir a mano en lugar de a máquina, y era una redactora lenta y meticulosa que revisaba continuamente. Su hermana Felicíté, una mecanógrafa competente, transcribía los libros y artículos a partir de los manuscritos terminados de Elizabeth David.[169]
  21. Lonchas de ternera y jamón enrolladas y rellenas de queso y pan rallado, fritas en mantequilla.
  22. La edición de bolsillo de Penguin a media corona (dos chelines y seis peniques, o 12½ peniques) costaba menos de una cuarta parte del precio de la edición original de tapa dura a media guinea (diez chelines y seis peniques, o 52½ peniques).[179]
  23. Entre otras influencias inglesas reconocidas y descritas por Elizabeth David se incluyen Eliza Acton de principios del siglo XIX y Lady Clark de Tillypronie de la generación siguiente.[199]
  24. David escribió que los artículos habían aparecido originalmente en publicaciones "desde el Sunday Times hasta Nova, desde Vogue hasta el Spectator, desde la ya desaparecida revista de viajes Go hasta Compleat Imbiber de Cyril Ray, Wine Mine de Peter Dominic y bastantes otras".[205]
  25. Floyd señala el auge de los viajes por el Mediterráneo, la influencia del "estilo mediterráneo rural" de Terence Conran y el aumento de las comidas en restaurantes tras el fin del racionamiento como cambios que se producían al mismo tiempo que se publicaban las obras de Elizabeth David.[235]
  26. En el mismo periódico, Burros también se refirió a Elizabeth David como "un escritor gastronómico al que se le atribuye haber cambiado casi por sí solo la cocina en su Inglaterra natal".[254]

Referencias

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Bibliografía

Obras de Elizabeth David

Otras obras citadas

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